Fordstable: historia de una ciudad americana (I)

Así se veía una ciudad media americana cuando te acercabas desde el campo.

La Ciudad que caminaba

 

 

En una ocasión escribí acerca de cómo Estados Unidos aprobó la increíblemente ambiciosa “National Land Ordinance”. El país quedó dividido en una rigurosa retícula uniforme, preparado para que cualquier arriesgado inversor, granjero u obrero industrial hiciesen crecer una ciudad en cualquier lugar. Gracias al cine o al turismo tenemos una idea (a veces poco rigurosa) de cómo ha acabado el proceso urbanizador americano, cómo es una ciudad de allí. Sabemos que no son como las ciudades europeas pero… ¿Cómo era la ciudad original americana? ¿Cómo vivía la gente en aquellos tiempos?

Antes de las infinitas alfombras de suburbios con viviendas clónicas y surcadas por enormes autopistas hacia un downtown poblado de rascacielos, llenos de vida durante el día y siniestros durante la noche ¿existió otro tipo de ciudad? ¿Por qué y como se han convertido en lo que son ahora?

Vamos a descubrirlo en las siguientes entradas. Acompañadme en la historia de Fordstable, un pequeño enclave fundado por emigrantes europeos. No es un lugar real, claro, pero nos será útil como ciudad metafórica.

Las ciudades americanas tipo de la época era, en origen, muy sencillas. No siendo una avanzadilla de la metrópolis como otras ciudades coloniales del mundo nos podemos olvidar de encontrar en su núcleo una gran catedral, una universidad o grandes edificios públicos. La ciudad americana es, ante todo, una herramienta. Un medio para un fin, bien sea enriquecerse o simplemente buscar una vida mejor, pero no un fin en si mismo.

Fordstable es poco más que un pueblo pequeño, situada junto al hermoso río Minewattou en el interior de Westsylvania, un joven estado que no tiene ni veinte años de existencia. El río, caudaloso y ancho, probablemente es parte de un sistema fluvial que desemboca en alguna de las grandes arterias de América: el Ohio, el Mississippi, el Missouri, el Tennessee… quién sabe. Lo cierto es que casi todas las ciudades americanas de esta época han sido fundadas junto a un río, un canal o uno de los grandes lagos. El agua es el medio de transporte principal, como ha sido a lo largo de toda la historia.

Obreros preparan el transporte de materiales de construcción a través del río Minewattou

Fundada en origen como puesto avanzado de tala de madera para un fuerte cercano, en los últimos años ha atraído nuevos colonos de la costa. Gracias al río los colonos han conseguido desarrollar una próspera industria de exportación de madera, o quizá pieles. Además los granjeros de los alrededores transportan las cosechas que las infinitas y fértiles llanuras les proporcionan para distribuirlas por el país. Los molinos consiguen energía barata, las grandes gabarras transportan los cereales rápidamente y toda la ciudad arroja sus deshechos aquí. El río es la razón de ser de Fordstable. Y la introducción en 1816 de una línea de barcos de vapor en el Minewattou que lo comunica directamente con un río mayor y a través de él a los grandes puertos de la costa ha supuesto el último impulso que la ciudad necesitaba para empezar a crecer a toda velocidad.

Fordstable unos años después de su fundación, apenas un puñado de casas.

Junto a la orilla brotan los barracones de almacenamiento, las instalaciones portuarias, las viviendas de los estibadores. Es una zona ajetreada y sucia, con malos olores y enfermedades, pero convenientemente cercana a los trabajos más sencillos de realizar y de conseguir para cualquier forastero recién llegado. Y no son pocos, pues el país vive una verdadera migración masiva de personas hacia el interior desde que sus fronteras se abrieran hace unos años. Muchos de estos trabajadores viven en pequeñas casuchas entre estos edificios industriales y gastan su jornal en tabernas en el mismo barrio.

Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou

Aunque el tamaño de la ciudad es pequeño los planes urbanísticos, predeterminados por las leyes “por defecto” prevén ya el crecimiento futuro a lo largo de una aburrida cuadrícula sin características especiales.

Lugar propuesto para la plaza central y ayuntamiento de Fordstable. La zona del río está completamente edificada salvo las tierras comunales.

Un par de manzanas detrás del puerto viven los dueños de los negocios, los mayoristas de bienes, los comerciantes. A salvo de los olores pero no demasiado lejos de sus empresas en una época todavía sin coches, están ahorrando para construir entre todos el primer edificio de cierta entidad, un mercado o sala de cambios donde poder reunirse a acordar contratos cada año. El ayuntamiento de la ciudad no tiene aún edificios propio así que el pequeño grupo de empleados que gestiona los asuntos de la ciudad a tiempo parcial alquilara unas oficinas en ese edificio en cuanto pueda.

Han pasado un par de años y alrededor de este mercado están apareciendo ahora pequeños comercios de prestamistas privados y una pequeña oficina del First Bank, primero pero en absoluto último banco en abrir en Fordstable. En su fachada han construido una modesta réplica en madera de las columnas griegas de la sede central en Philadelphia, un recurso bastante cutre pero suficiente para impresionar a una población mayormente de nivel cultural bajo. Apenas diez años después será derribado y sustituido por un edificio mucho mayor y, ahora si, de piedra.

La sede del First Bank, todo un alarde de poderío.

Ningún turista visitaría Fordstable si no es bajo amenaza pero sin embargo desde hace unos meses se está construyendo un gran hotel en el centro. Y es que a los hombres de negocios que viene para realizar grandes tratos con mayoristas se les quedan cortas las posadas que jalonan Main Street. Nadie lo habría dicho hace cinco años y sin embargo antes de navidad habrá otros dos en construcción. Son el verdadero corazón de la vida pública de la incipiente burguesía.

El Hotel Redmont House, recién inugurado en estilo Clásico-horterizante

No se ha escatimado en lujos en el Redmont House Hotel y cada semana se celebran ahora bailes y fiestas en su enorme sala central. Ya hay una masa crítica suficiente de familias adineradas, hijos de la primera generación de colonos de la ciudad. Hace apenas 40 años que se fundó la ciudad y sin embargo ya cuenta con 18.000 habitantes, la mitad de los cuales han llegado en los últimos diez años.

El Hotel Redmont House por dentro. No nos sorprende que sea el punto de reunión de la burguesía.

Y cuando no están de fiesta están pensando donde reinvertir sus beneficios, siempre con un sentimiento de ansiedad provocado por la idea de que no está permitido parar, hay grandes negocios por hacer y otro los hará y te barrerá del mapa a la mínima que pienses que puedes parar y bajarte de la rueda. Algunos hablan de intentar traer a la ciudad ese nuevo invento que se extiende por la costa Este, el ferrocarril. Se podría hacer mucho dinero con eso, especialmente si se confirman los planes del Gobierno para construir un nuevo canal que facilitará el transporte marítimo.

Y además de hoteles y bancos están abriendo por todos lados tabernas. Montones de tabernas. Son los verdaderos lugares de reunión de los habitantes, las ágoras de la ciudad. Sus dueños compran en el mercado cercano, o quizá en el gran mercado del Heno que se ha abierto en el borde de la ciudad, demasiado grande como para ocupar una parcela central.

Main Street a mediados del siglo XIX. Aún tomada por carros tirados por caballos y gente andando.

Tampoco resulta sorprendente que la gente prefiera pasar tiempo en ellas, pues en su casa no están precisamente a gusto. El precio del suelo se dispara con el crecimiento de la población y las parcelas se dividen y subdividen hasta el infinito. Las clases más bajas de amontonan en viviendas enanas a razón de una familia por habitación, a menudo sin ventanas; y cada jueves llega un nuevo barco desde la costa con más gente. Muchos de ellos no hablan nada de inglés, sólo alemán o checo y no es raro encontrar carteles en estos idiomas en las calles.

Cartel en checo para promocionar la venta de viviendas entre los inmigrantes del este
Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou
Malviviendo en un patio interior, el escalón más bajo entre las viviendas baratas

Los bloques en la ciudad americana son muy grandes y tienen siempre callejones interiores (recordad la imagen típica del callejón neoyorkino con sus salidas de vapor), y algunos han construido barracas en ellos. Se produce así una curiosa estratificación social, donde los más adinerados viven junto a la calle y los pobres hacia el interior de las manzanas, y similar división entre plantas bajas y altas. Sin embargo, nadie vive demasiado lejos: casi todo el mundo aún va andando a trabajar y la distancia lo es todo.

Callejuela de una ciudad americana cualquiera, lleno de detritus y basura.

Los barrios nuevos no son muy originales y siguen el patrón copiado de los ingleses de casas pareadas, lo que allí llaman “terraces”, con diferentes calidades y diseños. Para algunos la monótona repetición de casas iguales es aburrida y vulgar, para otros una buena metáfora del espíritu democrático del país. En el barrio de los comerciantes se acaba de terminar una nueva urbanización de estas casas adornadas con columnas de mármol y fachadas neoclásicas y se han vendido a velocidad record. Pero también las hay para ciudadanos con menos posibles.

A lo largo del siglo este tipo de vivienda se convertiría en uno de los más frecuentes, el edificio de dos pisos con una vivienda en cada uno y compartiendo pareces con infinitos vecinos clónicos.

Más allá de esto la verdad es que la ciudad no tiene muchos puntos de interés: no es Estados Unidos un país con grandes monumentos o barrios históricos y en la mayoría de ciudades lo único que adorna las calles son los árboles de sombra plantados en ellas. En Fordstable aún tardará el ayuntamiento 5 años más en construir un edificio propio para su uso, que financiará vendiendo un trozo (otro más) de las tierras comunales que el proyecto original de la ciudad reserva a cada municipio del país (tanto para espacios públicos como para autofinanciarse en una época en la que los impuestos son bajos y muy difíciles de recaudar)

La plaza pública en la zona acomodada. No tiene edificios de gran porte todavía.

Ahora que Fordstable está creciendo la gente se está acostumbrando a llamar a la zona cercana al Minewattou “Downtown” y a la parte alta, “uptown”, nombres que terminarán asociándose con el centro de negocios. Y más allá del uptown encontramos los últimos lotes de tierra vendidos, zonas agrícolas con granjas cuyos propietarios esperan a que la ciudad crezca un poco más para vender sus terrenos a buen precio y pegar un “pelotazo”

Fordstable está en plena ebullición y en los siguientes diez años ganará otros 40.000 habitantes, pasando la marca simbólica de los 100.000. Ya es más grande que muchas ciudades europeas pero aún así todo tiene un aspecto “provisional”, fruto de la velocidad de crecimiento que no ha permitido aún que la ciudad desarrolle una “patina” de antiguedad.

La ciudad crece de acuerdo al plan. Muchas de las tierras vacías sin urbanizar aún pertenecen al ayuntamiento.

Con tan importante masa crítica se está convirtiendo también en un punto clave para el transporte de ganado porcino y cereales desde las ricas tierras del interior hacia la insaciable y hambrienta costa este y los comerciantes de la ciudad, enriquecidos y convertidos ya en la clase dominante, saben cuál es el siguiente paso lógico, uno que puede dar unos beneficios espectaculares.

Plan urbanístico de Fordstable, sólo los lotes más cercanos al río se han dividido y urbanizado.

Costará mucho esfuerzo, inversiones inmensas y probablemente más de un soborno pero el objetivo lo merece y ya estamos en 1856, la ciudad va tarde al negocio de moda: el ferrocarril debe llegar a Fordstable.

En apenas sesenta años el pequeño pueblo se ha convertido en una enorme ciudad con una agitada vida comercial y una población siempre creciente. No es una ciudad bonita y la desigualdad es palpable pero lo cierto es que no falta trabajo y siempre pasan cosas. La clase adinerada está empezando a desarrollar una cierta conciencia de si mismos y están construyendo los primeros edificios públicos y mansiones monumentales, y crecen las voces alertando para tomar medidas higiénicas y urbanas para prevenir los cada vez más frecuentes brotes de pestes y enfermedades en los que la gente cae como chinches.

Pero la ciudad está llegando al límite físico de lo que una ciudad cuyos habitantes se desplazan caminando o en carro puede crecer. Y eso impide muchos buenos y lucrativos negocios, tanto a las fábricas de muebles que necesitan más trabajadores y que se están instalando en el borde de la ciudad como a los promotores inmobiliarios, los dueños de tierras o proveedores de servicios.

Preparaos porque la primera convulsión en las ciudades americanas está al caer: apartaos paseantes, el progreso llega, y llega sobre raíles de acero.

Una de las avenidas principales de Fordstable, ajetreada y plagada de comercios

 

Puedes saber como continúa la historia de nuestra pequeña ciudad y si sobrevivirá a los retos del agitado siglo XIX con su continuación aquí

2 opiniones en “Fordstable: historia de una ciudad americana (I)”

  1. Felicidades y gracias por tus aportaciones al conocimiento. Has sido un gran descubrimiento. Tanto por tus aportaciones historicas sobre la ocupación humana de un territorio como por tu punto de vista liberal, antropocentrico, y ese pizca de cinismo que te hace divertido.
    Un saludo, y lo dicho. Gracias

    1. Muchas gracias por el comentario, siempre se agradecen los ánimos para motivar a seguir escribiendo. Espero que disfrutes también de futuros artículos.

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