Fordstable: historia de una ciudad americana (VI)

Puedes encontrar la historia de Fordstable desde su establecimiento como un puesto avanzado maderero aquí y su posterior consolidación como la gran ciudad de West Sylvania aquí. Los hermosos años de la City Beautiful que la embellecieron se cuentan aquí  pero pronto llegaron las ideas modernas racionalistas y sus frutos se pueden leer aquí. Y con ello la ciudad se extendió como una mancha de aceite hacia los suburbios, aquí

 

CAPÍTULO VI – HISTORIA DE DOS CIUDADES

EL LARGO Y CÁLIDO VERANO

 

Hacía mucho calor en el West End cuando llegó la policía. Los meses de junio solía correr una agradable brisa desde el río pero este año las neblinas nocturnas se quedaban atrapadas en el valle hasta bien entrada la noche.

Las ventanas del Athens Inn estaban abiertas para combatir el sofoco y la música salía a través de ellas. Se podía distinguir las voces de la gente de dentro.

El Athens no tenía licencia para alcohol así que era una apuesta sobre seguro. Entrar, detener a todo el mundo y a pasar la noche en el cuartel. Eran ya las 3:15 de la mañana y todos estaban deseando irse.

En la calle había mucha gente, incapaces de dormir con el calor. Observaron curiosos el despliegue de coches patrulla, nada menos que tres.

Sin embargo, cuando la policía entró en el local se encontraron algo muy distinto a lo que esperaban. Allí no había diez o doce borrachos apostando a las cartas y bebiendo ron. Habría fácilmente setenta o más personas, arremolinadas alrededor de una mesa donde se sentaban dos jóvenes negros. Detrás de ellos una pancarta rezaba “Welcome home Isaac & Prince”.

Eran veteranos de Vietnam. Era una fiesta de bienvenida.

73 detenidos en la redada del Athens Inn

Nerviosos, la policía decidió detener a todo el mundo por consumo ilegal de bebidas alcohólicas. Tuvieron que llamar refuerzos para transportar a las 73 personas. Alrededor de las furgonetas se habían concentrado decenas de personas, que gritaban a la policía. “Abuso policial”gritaban. “Son héroes, dejadlos en paz, cerdos”.

El ambiente se enrarecía por momentos. A las 5 de la mañana voló un ladrillo, que acertó de lleno en la ventana de una furgoneta policial. Fue el primero pero no fue el último.

 

Así fue el comienzo de los disturbios de Fordstable de 1967. No terminarían hasta dos días después a partir de la intervención de la Guardia Nacional de West Sylvania. En esas 56 horas murieron casi treinta personas, se detuvo a cerca de 5.000 y ardieron cientos de edificios.

El US Army movilizado por una manifestación en el distrito central de Fordstable.
La Guardia Nacional interviene en los barrios de Fordstable

Al final la paz volvió a la ciudad, dejando detrás de si un barrio completamente arrasado y decenas de familias sin hogar. Pero… ¿cómo había pasado esto?

¿Cómo una ciudad que gozaba de una posición envidiable hace 20 años presentaba ahora imágenes casi bélicas en su mismo centro? La verdad, la respuesta no es sencilla.

Zona de guerra

VECINOS QUE NO SE HABLAN

 

La cierto es que Fordstable en los años 60 no es, en modo alguno, la misma ciudad que solía ser en los 30, o incluso en los 40. Los último veinte años han visto como la ciudad era tomada por los coches y atravesada sin piedad por autovías de 12 carriles. Sus barrios antiguos no existen o han sido partidos en pedazos y decenas de miles de personas han cambiado de lugar de residencia, algunos voluntariamente y otros forzados por los acontecimientos.

Estos últimos años se ha seguido desarrollando lo que vendrá a llamarse “la Segunda Gran Migración”, que ha llevado a millones de ciudadanos negros a mudarse desde el sur hacia las ciudades del norte y del oeste, a Pittsburgh, New York, Los Angeles, Baltimore, Fordstable… Y sin embargo eso no ha llevado a ciudades más multiculturales. Al contrario, un complejo proceso con múltiples factores ha llevado la segregación racial a extremos insospechados.

Una terrible combinación de racismo y miedo por su dinero

Algunos de ellos los hemos comentado antes, cómo sistemas de zonificación y control de la construcción llevaban a los grupos demográficos a diferentes zonas. No hemos hablado, sin embargo, de dos fenómenos interesantes: el blockbusting y el redlining.

El blockbusting consistió, a grandes rasgos, en crear pánico entre la población blanca de clase media para que vendieran sus viviendas a bajo precio. Posteriormente los especuladores que habían fomentado este pánico se ofrecían a comprarlas a precio de saldo para posteriormente construir vivienda masiva de baja calidad, a ser posible con subsidios públicos, y alquilarla a ciudadanos negros empobrecidos, muchos de ellos desesperados por encontrar donde vivir después de que sus barrios hubiesen sido arrasados por una autopista.

Para ello se sirvieron de toda clase de trucos como hacer correr rumores, pagar a grupos de jóvenes negros para que simularan vivir en él, comprar viviendas y dejarlas abandonadas para dar impresión de ruina o vender un puñado de casas a precio de saldo a familias muy pobres para que se transladasen allí como “avanzadilla”. A veces a estos les guiaba el racismo puro y duro pero otras había también un verdadero pavor a que, en caso de convertirse el barrio en un vecindario de “clase baja negra” el valor inmobiliario de sus pisos, a menudo lo único de valor que tenían, cayese por los suelos, dejándoles sin ahorros. Consolidado este paso los propietarios invertirían absolutamente cero en mantenimiento, dejando que los barrios se cayesen a pedazos y propiciando que quienes se lo pudiesen permitir de sus nuevos residentes huyesen a su vez y recomenzar el proceso.

No es que me invente yo las causas de la segregación

El redlining, por otro lado, es una estrategia practicada por bancos, aseguradoras, agencias federales y proveedoras de servicios que consiste básicamente en dividir la ciudad en sectores con un color asignado en función de su “riesgo” como inversión. Así, una zona Tipo A, con color verde, tendría disponibles cualquier tipo de crédito, hipoteca o servicio, pues se consideraba que no había riesgos. Un tipo B, en azul, o C, en amarillo, tendrían más dificultades. En cambio un residente en una zona tipo D, roja, vería automáticamente denegada cualquier petición de un préstamo, una hipoteca, un seguro a todo riesgo o similar. Sencillamente, era demasiado arriesgado y no merecía la pena. Ni que decir tiene que los barrios rojos era, casi siempre, los barrios donde vivían los negros.

No sorprenden los resultados de los mapas de redlining conociendo los criterios: nacionalidad, porcentaje de negros y extranjeros…
Llegado el momento más te valía no haber invertido dinero en un barrio marcado en rojo.

Atrapados en barrios nuevos donde no tenían raíces, rodeados de autopistas, sin posibilidad de conseguir créditos para mejorar sus casas o montar un negocio o mudarse, y con los puestos de trabajo industriales que habían venido ejerciendo hasta ahora evaporándose a toda velocidad (entre 1948 y 1963 desaparecieron en Fordstable 93.000 puestos de trabajo industriales), la situación empeoraba a marchas forzadas.

El país, además, está agitado por las marchas por los derechos civiles. En 1963 Martin Luther King pronuncia su famoso “I have a dream” y en paralelo la oposición reaccionaria protagoniza ataques contra ciudadanos negros. Algunos de estos, además, considerarán cada vez más que la lucha pacífica no tiene opciones y surgirán movimientos más agresivos, desde el Black Power a los Panteras Negras o la Nación del Islam. El panorama cultural es confuso, una amalgama de movimientos comunistas, pacifistas, antimilitaristas, hippies, anti colonialismo, nacionalismo negro, racismo… con la guerra de Vietnam y los reclutamientos siempre de fondo.

Cuando en 1967, durante el largo y caluroso verano estallan disturbios por todo el país, la pregunta no debería ser ¿por qué pasa esto? Sino… ¿por qué no ha pasado antes?

 

EL MINISTERIO DE LA DECADENCIA

 

El gobierno no había permanecido al margen de todo esto, por supuesto. Desde que la Gran Depresión azotase al país dejando a millones de personas en las terribles situaciones que recordamos por las fotos de Dorothea Lange, el gobierno había hecho todo lo que se le había ocurrido para remediar la situación.

El espíritu del país guiaba una intuición: esta era la tierra de los libres, y uno no sería libre si no era dueño de sus propios medios. Animado por este propósito la administración Roosevelt había ideado una serie de mecanismos para ayudar a que no sólo la afortunada clase media tuviese un hogar, sino que cualquier ciudadano pudiese pasar de proletario a propietario.

La Gran Depresión llevó a la indigencia a millones y el gobierno se propuso remediarlo.

Pero la crisis había llevado a mucha gente al impago de sus hipotecas, a los bancos a negarse a dar nuevas, y la liquidez en general brillaba por su ausencia. Nada que no nos suene de hace apenas unos años, claro.

Para combatir esto el presidente había firmado en 1934 la National Housing Act, la NHA. Un acto realizado con la mejor de las intenciones, pero con el cual había nacido también monstruo. Uno que comenzó siendo una pequeña criatura y terminó convertido en una hidra de siete cabezas que sigue viva hoy en día.

Resumiendo un poco, el gobierno pasaba a controlar el tipo de interés de las hipotecas y se creaba una nueva agencia, la Federal Housing Administration, entre cuyos objetivos estaría asegurar hipotecas asequibles, promover vivienda barata o subvencionada y llevar a las masas de vuelta al mercado crediticio y arrancar así el gripado motor económico que es el mundo inmobiliario.

De varios de sus efectos ya hemos hablado en anteriores posts: hipotecas baratas y créditos garantizados que llevaron a la construcción de los primeros suburbios. Pero sus acciones empujarían los procesos que hemos descrito antes.

Un ejemplo es el citado redlining, originalmente una medida para garantizar la solvencia de esas hipotecas y que sobre el papel era sólo un instrumento de control de riesgos pero que en la práctica llevaba a que apenas un 2% del crédito llegase a la población negra al ser considerada mucho más arriesgada.

O la construcción subvencionada de vivienda pública siguiendo los patrones del movimiento moderno para optimizar costes y superficies y que llevaría a polígonos masivos, con terribles acabados y nulo mantenimiento y poblaciones homogéneamente pobres.

Pruitt-Igoe a los pocos meses de terminar su construcción
Nacido para ser un ghetto, no defraudó

En 1965 el sistema empeoró incluso más bajo la administración Johnson con la creación del “United States Department of Housing and Urban Development”, la HUD.

Sus objetivos en teoría son nobles pero desgraciadamente la mezcla de fondos públicos y mercado inmobiliario tiene tendencia a funcionar tirando a regular. En su historia encontramos una calamidad tras otra: corrupción, malversación de fondos, fomento de la especulación, destrucción de entornos urbanos, sobrecostes… etc

La ominosa sede de la HUD.

Por supuesto también hubo éxitos, y gente que quizá no habría podido nunca comprarse una casa ha terminado poseyendo una gracias a programas federales pero es difícil ignorar el gigantesco pozo de dinero público que ha sido históricamente esta agencia que ninguna administración ha sabido o querido domesticar. Con Reagan el agujero llegó a un tamaño estimado de 4.000 millones de dólares de la época, un extremo tan escandaloso que 17 personas acabaron en prisión, incluyendo al polémico Secretario de Interior James Watt, defensor de desmantelar los parques naturales para abrir nuevas minas de carbón.

Uno podría estar horas hablando de las mil pifias de la HUD pero no es el objetivo de este post. Baste con saber que es unos de los motores detrás de la consolidación de las tendencias ya preexistentes en la sociedad americana, la destrucción del centro de las ciudades y la creación de ghettos segregados y miserables.

 

LA CIUDAD VACIADA

 

Fordstable, como el resto de grandes ciudades americanas, no puede por tanto hacer otra cosa que cambiar, y mucho.

Todos estos fenómenos no hace más que acelerar lo que se llama “White flight”, la huida de la clase media blanca a los anillos periféricos de suburbios unifamiliares de las afueras. La pescadilla que se muerde la cola es en realidad una enorme ballena imposible de parar. Todo el mundo habla del “Complejo militar industrial” pero lo cierto es que el Complejo industrial-urbanístico no tiene nada que envidiarle en poder, escala e influencia.

El ciclo de destrucción, construcción, fondos públicos, inversión, revaloración y vuelta a empezar no nos es desconocido en España, y como arrastró a ayuntamientos grandes y pequeños, a inversores y a mediopensionistas.

Sobre el papel el ciclo inmobiliario debería crear riqueza neta: uno compra una casa, mejora sus condiciones, la vivienda se revaloriza y la vende para mudarse a otra, aumentando su patrimonio. En la práctica para algunos funciona, para otros no tanto, y por el camino se produce crisis bestiales que destruyen muchísima de esa riqueza. Y en las ciudades americanas, por su particular morfología, ese movimiento hacia arriba siempre ha sido “hacia afuera”. Fordstable se ha movido desde su fundación en ciclos de boom-depresión y con cada uno de ellos se extendía más y más como una mancha de aceite, tanto como permitía la tecnología de transporte disponible.

Y nadie puede parar esto. En Estados Unidos la suma del sector de la construcción, materiales e industria auxiliar suma casi el 15% del PIB. Es una barbaridad de dinero y de puestos de trabajo. No sólo ningún político con posibilidad de cambiar algo se atreverá jamás a frenar esa máquina. Al contrario, se seguirá engrasando whatever the costs. Sólo en carreteras y autopistas se calcula que la inversión de dinero público es equivalente a un subsidio de aproximadamente 22 céntimos por milla, 1.40$ por cada 10km. Cada día, cada semana, cada coche.

Pero la máquina está completamente enloquecida. En Fordstable se construyen entre 1963 y 1973 87.000 viviendas más de las necesarias por el crecimiento de la población. Eso implica 87.000 viviendas o bien vacías, o bien destruidas en otros sitios de la ciudad. En el conjunto de Estados Unidos la proporción entre viviendas construidas y hogares es de 1,3, constantemente. Eso es un 30% de sobreproducción, un desequilibrio que ninguna industria aguantaría y mucho más de lo que se podría justificar con las viviendas destruidas o arruinadas con el tiempo de forma natural. ¿Cómo no va a estar el centro ahora lleno de edificios abandonados, antaño llenos de gente?

Pruitt-Igoe desde el aire. Los nuevos barrios modernos. Gracias, urbanistas.

Otro efecto colateral de todo esto es la aparición de múltiples municipios independientes alrededor de la ciudad. Charity, New Lowlands, Sand Mountain, Layer creek, todas crecen alrededor de Fordstable con la población más adinerada que solía vivir en esta. Como su fuente de financiación principal es el impuesto de propiedad están dispuestas a todo para que la gente se compre su casa ahí. Que se mude una gran empresa, un centro comercial o una fábrica es directamente la lotería. Así los empleos que quedaban en la ciudad abandonan el centro atraídas por terrenos baratos y exenciones fiscales, los famosos tax break. Fordstable se queda sin base fiscal para pagar escuelas y servicios públicos y los ciudadanos pobres que quedan en ella se ven con ellos más sumidos en el pozo si cabe.

Fordstable forma ya parte del club, selecto pero numeroso, de las ciudades segregadas y heridas de muerte en su interior, junto con ciudades antaño orgullosas como Detroit o Pittsburgh, Flint o Baltimore, e incluso titanes como Chicago.

Los solares del centro irán quedando progresivamente abandonados y los únicos proyectos nuevos serán de vivienda pública, con calidades pésimas y densidades masivas, que no contribuirán a solventar esos problemas. Los nuevos barrios se degradarán rápidamente. Los grandes inversores se irán de ellos y sólo quedarán mezquinos caseros con nulo interés en el mantenimiento de sus propiedades o en el negocio a largo plazo, aunque en su defensa podemos decir que no son los creadores de la situación.

La espiral continuará durante años hasta llegar a un momento simbólico en 1972: la demolición del complejo de Pruitt-Igoe, en San Luis. Con el se marca el fin de una época. La era de modernismo y la tecnocracia llega a su fin.

Pero de eso hablaremos otro día.

Fin de ciclo.

2 opiniones en “Fordstable: historia de una ciudad americana (VI)”

  1. Por curiosidad, esas zonas que tenían menos valor que nadie quería eran las llamadas zonas por debajo de prima, o las zonas sub-prime, origen de la crisis de la burbuja inmobiliaria de las sub-prime.

    1. Muy cierto, y como se ve ese intento de que todo el mundo se convierta y tenga una hipoteca a cualquier precio no es exactamente una cosa nueva. Gracias por el comentario!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *