Los Anillos de Moscú – V

Los tiempos turbulentos han pasado y una nueva dinastía, los Romanov, ocupa el Kremlin. Gobernarán con férrea autoridad el destino del estado Ruso que se forjó entre penurias y desgracias durante casi 300 años pero por el momento su primer monarca intenta afianzar su posición en un país devastado, desde una ciudad en ruinas. Atrás han quedado los recuerdos de las invasiones mongolas y tártaras

 

Ha llegado el tiempo de los Románov

Zar de las cenizas

Cuando la Zemski Sobor eligió a Miguel para ser el primer Zar de la nueva dinastía y la nueva era de Rusia Moscú estaba completamente destrozada. Asaltaos, guerras y hambrunas la habían dejado reducida a un estado tal que el propio candidato tuvo que esperar unas semanas en el monasterio de la Trinidad, a 120 km de Moscú, hasta que pudiesen construir algún tipo de residencia temporal digna.

Su reinado se dedicó casi por completo a reconstruir el estado ruso y afianzar la estructura centralista y autoritaria, fortaleciendo su poder contra la nobleza boyarda. Endureció las leyes de servidumbre, asegurando el valor de los terrenos con los que se agasajaba y compraba a la nobleza. Mantuvo el sistema del “mestnichestvo”, vigente desde el siglo XV, mediante el cual un complejo sistema de antigüedad aseguraba que todas las posiciones en el estado estuviesen ocupadas por nobles y no por gente que hubiese demostrado su valía. El objetivo era claro, recuperar la centralidad de Moscú y cimentar la nueva dinastía a costa de perder probablemente mucha eficacia en el manejo del estado, pues ser competente no era en absoluto un mérito.

Hablando de Moscú, quedaba pendiente la cuestión de qué hacer con la ciudad. Ante las últimas ocasiones se había construido a toda prisa un sistema rudimentario de fortificaciones temporales, la Skorodom. Dañados en las batallas, se decidió sustituirlos por una verdadera línea de defensa que se llamó Zemlyanoy Val, Baluartes de tierra.

Representación de las murallas temporales de madera.
En amarillo, la nueva región de la que hablamos, la “ciudad de tierra”

En lugar de torres como en las anteriores murallas en esta ocasión se planearon una serie de puertas fortificadas, hasta 34, protegidas por los cuerpos militares de los Streltsi, que a lo largo del siglo irían ganando influencia y protagonismo hasta convertirse en una especie de Guardia Pretoriana que ejercía su poder en cada cambio de gobierno hasta que fueron aplastados y casi desmantelados tras un intento de golpe de Estado en 1698.  Casi nada de estas fortificaciones ha sobrevivido a los siglos salvo en la nomenclatura y en ciertas edificaciones construidas sobre las propias murallas.

La torre Sukharev, una de las edificaciones construidas sobre la estructura de la muralla en la ubicación de las puertas. Demolida en 1934

No perdáis de vista este nombre, Zemlyanoy Val. Y es que siguiendo su trazado original se construiría en el siglo XIX el siguiente anillo de la ciudad, el anillo de bulevares conocido como “Anillo de jardines”, que abraza la ciudad en un círculo de aproximadamente 5km de diámetro. Pero hablaremos más de él cuando se construya, en otro capítulo. Por el momento se trata de un nuevo límite a la ciudad, uno que, como todos, se verá pronto sobrepasado.

A su alrededor crecen pronto nuevos barrios habitados por campesinos y obreros llegados de otros lugares del país, barrios conocidos como “sloboda” (de “libre”) puesto que al quedar fuera del límite de la ciudad no pagan impuestos. Algunos de ellos son el de Yamskaya, habitado por correos, cocheros y trabajadores del transporte; Meshchanskaya, poblado por Bielorrusos y ucranianos en la zona al norte de la muralla o el Sloboda “de los alemanes”, como se llamaba al barrio de los extranjeros que vivían en Moscú, la mayor parte de ellos militares reclutados de diversas partes de Europa y forzados a vivir fuera de los límites de la ciudad, detrás de lo que hoy es la estación de Kursk. (la palabra rusa para “alemanes” deriva directamente de la palabra para los que no saben ruso = tontos, ignorantes)

Asentamiento alemán extramuros

Se consolida la importancia de la calle Tverskaya, principal eje de entrada en la ciudad ya entonces (y una de las calles más importantes y transitadas hoy en día, comparable a los Campos Elíseos en París), alrededor de la cual se agrupan las casa más nobles y nuevos palacios. El resto del anillo se puebla con construcciones de madera, muy sensibles a incendios, habitualmente agrupadas en torno a un patio común.

Además en las siguientes décadas se construirían varias instituciones relevantes de la ciudad como el Teatro Coromina, el primero de la ciudad, o varias iglesias e instituciones educativas; y la residencia real de Kolomenskoye aumentó de tamaño y cobró gran importancia (por cierto, una visita que recomiendo si vais a Moscú y queréis haceros una idea de como era un palacio de la época, está muy bien conservado y reconstruido)

El conjunto residencial real de Kolomenskoye
Iglesia de los doce apóstoles, construida en esta época.

La estabilidad que nunca llega

 

El reino estaba constantemente en guerra con los turcos, o con los polacos, o contra alzamientos cosacos en el sur. Todo ello suponía sustanciosos gastos que llevaron a protestas como la rebelión de la Sal, contra subidas de impuestos, el el motín del Cobre, contra la devaluación de la moneda al empezar a acuñarla en este metal.

A la vez, a la nuevamente enorme ciudad llegaban mercancías de toda así y riquezas de la siempre creciente Siberia, hacia donde el país se expandía a toda velocidad y los grupos de poder y la nobleza competían por acaparar influencia.

Los Streltsi seguían apuntándose a toda intriga palaciega que se les pusiese cerca hasta su definitivo sometimiento tras el mencionado alzamiento en 1698

Ejecución de Strelsti después de la rebelión de 1698

Ni siquiera en el plano religioso había calma. El Patriarca Nikon intentó reformar la Iglesia para adaptarla al nuevo papel de la monarquía absoluta pero eso desató una rebelión de los conocidos como Viejos Creyentes, ultraconservadores ortodoxos que defendían las tradiciones y la independencia de la Iglesia, un conflicto quizá comparable con la secesión de la Iglesia Anglicana en Inglaterra, aunque el zar nunca pretendió ser el cabeza de la Iglesia.

Jugarían un activo papel en varias revueltas posteriores y fueron duramente perseguidos por los siguientes zares hasta que muchos emigraron a las lejanas tierras siberianas o se adaptaron al nuevo sistema. Ya con Pedro el grande la persecución se suavizaría y se limitaría a impuestos especiales extra y aunque hoy en día aún existen (se les distingue por detalles como la manera de persignarse, con dos dedos a diferencia de los tres de los ortodoxos rusos) es probable que la única referencia que tengáis de ellos se deba a su nombre, Raskolniki (cismáticos), de donde Dostoyevski sacó el nombre para el protagonista de “Crimen y Castigo”.

Los indómitos Raskólniki siguen viviendo una vida de moral austera y estricta en regiones remotas o emigrados.

Dando un salto hacia adelante, con Moscú recuperada y más grande que nunca, centro de un enorme país que seguía creciendo a base de conquistas militares y colonización de Siberia llegamos al final del reinado de Teodoro III, nieto del primer Romanov. Una persona educada y con grandes influencias de los detestados polacos (hablaba el idioma, estaba casado con una polaca y se vestía como ellos)

A su muerte, nombrado sucesor un joven Pedro de diez años, los Miloslavsky aprovecharían esta inquina para alzarse en contra apoyados por los Streltsy y por masas de gente descontenta. Después de varios días y la muerte de varios miembros del partido de los Naryshkin que apoyaba a Pedro consiguieron que se nombrase a su medio hermano Zar y a la hermana del anterior Zar como regente. Durante los siguientes 14 años Rusia tendría dos zares, Ivan V y Pedro I, al que seguro conoceréis por poco que sepáis de Rusia si os digo que, este sí, es Pedro el Grande.

La monarquía doble

Los siguientes el reinado debió ser entretenido con dos zares, incluso se encargó un trono doble con un agujero para que la regente pudiese dar consejo a los zares niños desde detrás de él (aún se puede ver en el museo del Kremlin).

El trono doble de los zarevich, en el museo de la Armería

Pero todo el carácter y la energía que demostraría Pedro al ir creciendo le faltaría a Ivan, de constitución débil y, como se decía de aquella, “mentalmente débil”. Como no sería la cosa que murió con 27 años y para entonces era debilucho, semiparalítico y prácticamente ciego. Eso no le había impedido tener cinco hijas sanas pero afortunadamente el no tener ningún varón nos evitó probablemente una nueva guerra civil. El trono pasó a Pedro el Grande, un chaval larguirucho como un jugador de baloncesto aunque de físico raro, con cabeza y manos y pies enanos y ataques de epilepsia, probablemente aquejado de algún defecto genético.

Pedro el Grande y sus peculiares proporciones corporales

Con Pedro como único monarca Rusia daría un nuevo giro que es especialmente relevante para nuestra historia. Decidido a convertir el país en una gran potencia, puso todo su esfuerzo en logra la definitiva salida al mar Báltico, dominado por aquel entonces por Suecia. Una importante coalición formada por Rusia, Dinamarca-Noruega y Sajonia aprovecharon que Carlos XII de Suecia era un joven inexperto de 18 años para declarar la guerra contra los “abusones del norte”.

La Gran Guerra del Norte fue larga, casi 21 años, y aunque empezó mal con derrotas en Narva los rusos remontaron con victorias sonadas como la batalla de Poltava (en la actual Ucrania) en la cual los ejércitos suecos fueron aplastados y el mismo rey tuvo que buscar refugio en Turquía (de donde se dice que se trajo, a su vuelta a Suecia, nada menos que la receta de las albóndigas en forma de chefs locales).

Suecia perdería en esta guerra su condición de gran Imperio y sería el fin de la monarquía absoluta, dándole grandes poderes al parlamente y aumentando las libertades. Para Rusia, en cambio, supondría su consolidación como potencia y su dominio naval gracias a ganar la región de Ingria, las tierras entre Estonia y Finlandia donde en 1703, aún en medio de la guerra, Pedro se lanzaría a su gran proyecto constructor: nada menos que la fundación de San Petersburgo.

Un proyecto épico desde el principio, que seguramente merecería su propia historia, la ciudad fue construida literalmente en un pantano gélido en la desembocadura del Neva, en la ubicación de una pequeña fortaleza sueca, y solo la insistencia de Pedro y el sacrificio inmisericorde de miles de obreros y prisioneros de guerra lograría alzar una ciudad en un lugar tan poco propicio.

San Petersburgo recién fundada sobre el delta helado en 1703

Para consolidar este esfuerzo Pedro trasladó la capital allí, perdiendo Moscú por primera vez desde hacía siglos la centralidad política e inaugurando una nueva época. Seguirá siendo la “Capital del Trono” y las coronaciones se celebrarán allí pero sin la corte Moscú se convertirá más en un centro comercial e industrial mientras la pompa, los palacios barrocos y la nobleza cada vez más europeizada se quedarán en San Petersburgo, y a excepción de un breve periodo intermedio así será hasta que la revolución soviética le devolviese su papel central.

¿Qué será de Moscú en estos 200 años? ¿Como crecerá o evolucionará alejada del foco de palacio? Pronto lo sabremos.

 

Límites aproximados del anillo de jardines hoy, aunque el trazado se simplificó en el siglo XX

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