La ordenación del Nuevo Mundo – I

Cuestiones de lindes

 

“Y habiéndose tomado por ello la derecera por los rumbos de las calles, se midió desde la barranquilla donde bate el agua del río, la tierra adentro, la legua de largo que señaló y dio el fundador para el dicho égido, y se puso un mojón junto al camino real que va al Monte Grande. Y acabada la dicha legua, se puso otro mojón, que vino a caer en frente del Corral viejo de las Vacas. Y en este estado quedó por ser tarde.”

 

Mas claro agua, ¿no?

Así ha sido y son aún una considerable parte de las descripciones de lindes y mojones en las tierras de medio mundo. Si algún topógrafo esta leyendo esto le serán sin duda familiares descripciones que hablan de “el árbol que plantó Pepe después de la guerra”, o “la piedra con forma de vaca bajo la cual se ha enterrado a modo de testigo una moneda de 2 reales”.

Son frases casi sagradas, por las que se muere y se mata en un “no me toques las lindes” antiguo como el ser humano. Siglos de historia, herencias, compras y ventas y aventuras varias han creado un paisaje tortuoso con terrenos y campos de formas curiosísimas.

Y durante siglos más o menos ha funcionado este sistema de “hitos y lindes”. E incluso cuando se comenzó la colonización del Nuevo Mundo se trajeron estas tradiciones y los agrimensores llenaron libros y libros de registro con frases por el estilo. Pero en el siglo XVIII, en la novísima República que ahora conocemos como Estados Unidos, algo iba a cambiar.

Enfrentado a un reto único y sin precedentes un hombre, armado con la razón y con una idea muy clara de lo quería conseguir cambiaría totalmente las antiguas tradiciones. Hablamos, claro, de Thomas Jefferson.

En seguida pondremos un poco de contexto.

 

puedes continuar con esta historia aquí

 

Abel Map, primer mapa de los Estados Unidos después de su independencia, 1784

Brunelleschi, el arquitecto moderno

Brunelleschi, perfil bueno

 

I – Sacrificio

 

Los magistrados de la ciudad esperaban una respuesta.

Había sido invitado a uno de los mayores honores que a los que se podía aspirar en ese momento en la ciudad, realizar los paneles de las nuevas puertas del baptisterio junto al jovencísimo Lorenzo, la más deslumbrante estrella entre los nuevos artistas de Florencia y principal rival profesional. Pero la esperada carta no llegaba. Filippo guardaba silencio.
Un año antes el Arte di Calimala, el poderoso gremio de rematadores y comerciantes de telas que junto con otros gremios dominaba la vida de la urbe, había patrocinado un concurso entre los más prestigiosos escultores de la Toscana al cual fueron invitados Lorenzo Ghiberti, Jacopo della Fonte, Simone da Colle, Francesco di Valdambrina y Niccolò di Arezzo, además de Filippo Brunelleschi.

Semejante grupo, verdaderos galácticos de su tiempo, tenía como objetivo final demostrar el agradecimiento de Florencia por haber sobrevivido a las terribles epidemias de peste bubónica del siglo XIV pero también demostrar a todo el mundo las fabulosas riquezas de los mercaderes. Como se atesoraron estas riquezas es una historia que enlaza los mercados de Medina del Campo y Burgos, los puertos de Bilbao, Laredo, Southampton o Brujas y termina en las fábricas de Florencia, una historia verdaderamente fascinante que merece ser contada en más espacio.

Había pasado algún tiempo desde la hecha de entrega. Los jueces ya habían descartado a varios de los participantes por la calidad de las piezas presentadas, cuarterones de madera representando temas bíblicos o clásicos. Aunque todos eran grandes artesanos, la mayoría de los participantes no tenían demasiadas posibilidades. En efecto, no tardaron en seleccionarse dos finalistas.

La propuesta de Ghiberti era fantástica, una nueva cumbre artística. Naturalista y tallada en una única pieza, no hubo demasiadas dudas con él. Sin embargo la de Brunelleschi no se quedó atrás, y aunque algunos dijeron que su propuesta era demasiado moderna y estaba formada por fragmentos separados se decidió llamarle a él también para el trabajo. La idea era que compartieran encargo, esfuerzos y resultados. Para cualquier artista habría sido una noticia fabulosa y el principio de una exitosa carrera profesional. No para Filippo.  Por supuesto, se hizo el remolón un tiempo, cosas de la imagen pública, pero desde el principio tenía clara la respuesta que iba a dar.

Forzado a elegir entre ser reconocido como el “segundo elegido” y repartir el mérito con otro o buscar otra cosa en la que ser el mejor, Brunelleschi no dudó. Con falsa modestia se excusó, cediendo el mérito a quien “era mejor que él”, y declinó el encargo.
Ghiberti pasaría veintiún años trabajando en esas puertas que Miguel Ángel calificó como “dignas del Paraíso”, pero Filippo no se quedó para ver la gloria de su rival. Sin saber si la vida les haría cruzarse de nuevo, pocas semanas después vendió unas tierras que tenía y se marchó de la ciudad.

Tardaría casi cuatro años en volver.

 

puedes continuar la historia de Filippo aquí

Ghiberti Batisterio
Panel de Ghiberti
Brunelleschi Batisterio
Panel de Brunelleschi

En archē ēn ho lógos

Y al final se hizo un blog…

 

Quienes tienen la mala suerte de hablar conmigo más o menos a menudo saben ya a estas alturas que soy lo que se conoce en lenguaje técnico como “un maldito brasas”. Siendo la típica persona que te consigue colar en una charla entre cervezas algún dato absurdo sobre algún oscuro territorio tardomedieval o sobre la industrialización de la sardina en lata, hace años un selecto grupo de ciudadanos unió fuerzas para encerrarme en el oscuro sótano donde vivo desde hace 36 años.

Por suerte alguno de mis vecinos se dejó el wifi sin contraseña y gracias a ello he encontrado una herramienta más poderosa para atormentar a la población.

Ahora doy un pasito sin pretensiones y empiezo a dejar por escrito algunas de esas cosas que me ocupan la cabeza. No me considero experto en nada, aunque intento parecerlo con la esperanza de que algún día se me pegue algo. Como se supone que mi mundo es la arquitectura y el urbanismo escribiré principalmente sobre eso, pero es probable que ocasionales salidas de todo hagan aparición.

No miento nunca a sabiendas en estos textos pero es probable que me equivoque en cosas, y también que el lector no coincida con mi interpretación de la realidad. Las opiniones razonables y educadas son muy bienvenidas en los comentarios, y soy el tipo de persona a la que es posible convencer de algo (con paciencia).

Nadie se lee nunca las entradas de “Hello World!”, pero si has llegado hasta aquí te doy las gracias y espero que con tu apoyo este proyecto llegue a convertirse en una lectura agradable.

Vayan por la sombra,